domingo, 8 de marzo de 2026

El día de la mujer no es una celebración, es un recordatorio de la lista de pendientes



Hoy, 8 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Mujer. No es exactamente una "celebración"; más bien se trata de un llamado de atención sobre la situación de minusvalía de derechos y reconocimiento que hemos padecido las mujeres a lo largo de la historia.

Mi deseo, hoy, es que mis nietas no necesiten "celebrar" este día, porque el reconocimiento y la integración han conseguido un nivel de paridad entre hombres y mujeres. Sin hablar de quien es mejor ni peor por razón de haber nacido como hombre o como mujer.

Por qué no es una "celebración"

A pesar de que este día circulan mensajes felicitando a las mujeres en su día, lo cierto es que esta fecha lo que recuerda es que, a pesar de los avances, la tarea por el reconocimiento e igualdad de derechos entre hombres y mujeres sigue siendo una asignatura pendiente.

Merece la pena revisar el sentido de esta conmemoración, para entender por qué no se trata de una "celebración". 

Pensemos, por ejemplo, en la brecha salarial, en las mujeres que tienen que decidir entre la maternidad y el desarrollo de carrera, en aquellas cuyo talento no es reconocido, en las niñas y mujeres que tienen prohibido educarse, en las que sufren amputación de su clítoris. La tarea sigue pendiente. 

Si miramos el origen de esta conmemoración, el resultado es el mismo. 

El 8 de marzo de 1857, las trabajadoras del sector textil en EEUU decidieron ir a la huelga para reclamar mejores condiciones de trabajo y salarios justos. El 8 de marzo de 1908, cincuenta y un años después de aquella primera huelga, la mujeres regresan a la calle, bajo el lema "pan y rosas" para exigir mejores sueldos, reducción de la jornada, prohibición del trabajo infantil y derecho al voto, es decir, reconocimiento de derechos de los que ya disfrutaban los hombres. 

Dos años después, en 1910, en una convención celebrada en Copenhague, la alemana Clara Zetkin, propuso la idea de contar con un fecha conmemorativa, cuya primera edición sucedió el 19 de marzo de 1911. Esta nueva manifestación, que se extendió a varios países europeos, exigía, además de lo ya mencionado, el derecho a la formación profesional, derecho que aún hoy, se niega a las mujeres en muchos lugares del mundo, incluso al punto de amenazar sus vidas, como fue el caso de la premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, quien sobrevivió tras recibir disparos por asistir a la escuela cuando contaba con 15 años de edad, tan recientemente como el año 2012.

El 25 de marzo de 1911, un incendio en una fábrica de camisas en Nueva York, cobró la vida de 146 mujeres e intensificó la lucha. Sin embargo, considerar la equidad salarial entre hombres y mujeres en Gran Bretaña tuvo que esperar hasta 1970, con la promulgación del Equal Pay Act y, más recientemente, el Equality Act de 2010. 

Ojalá llegue el día en que el 8 de marzo sea solo historia: un recordatorio de lo que fue, no de lo que sigue siendo. Ese día, mis nietas no necesitarán recibir felicitaciones por ser mujeres, del mismo modo que nadie felicita a alguien por ser zurdo, por tener los ojos claros o por haber nacido un día martes. Porque la dignidad no se celebra: sencillamente, se vive. Mientras ese día llega, conmemorar tiene sentido. Y exigir, también.



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